Tras nuestra memorable visita a Puerto Iguazú, emprendemos el viaje de vuelta a Buenos Aires, con un poco de pena pero todavía impresionados con lo vivido estos días. Comemos en San Ignacio, compramos piedras cerca de las minas de Wanda y pasamos la noche en un tranquilo pueblecito ribereño del Paraná, Santo Tomé. Yo, sigo fascinado por los enormes ríos de Argentina y por los puertos fluviales, en mi país, no es algo muy común y no pierdo la oportunidad de curiosear cada puerto que vemos en el camino.
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| Santo Tomé |
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| Esteros. |
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| Gauchito Gil. |
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| Preparando el asado |
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| Todo en la Pampa, acaba en escabeche. |
Después de pasar la noche en Sto. Tomè, seguimos la marcha, nuestro destino es otra vez Federación ya que en el viaje de ida, no nos dio tiempo de disfrutar de las termas y ahora disponemos de tres días para relajarnos y conocer bien el lugar. Valió la pena. Esos tres días, nos supieron a gloria antes de volver a sumergirnos en la gran ciudad, disfrutamos a nuestras anchas de las termas, del rio, de los paseos en bici y todo ello con la ventaja de ir en baja temporada, sin agobio de gentes, eramos casi los únicos turistas en la ciudad. Volvemos al mismo hotelito en el que estuvimos a la ida y nos tratan otra vez de maravilla. Una toma de fuerzas antes de sumergirnos de nuevo en la gran ciudad.
Y así, continuamos el regreso a Buenos Aires, donde devolveremos el coche y pasaremos los últimos días con la familia. Lupita, ya los echa de menos, de hecho, este era nuestro principal motivo del viaje, estar con la familia.
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